Hoy pensando en ti he sentido
una especial fragancia
como ninguno antes había olido.
No es el olor del olvido
tampoco el de la tristeza.
Si... lo siento
Es olor a felicidad
a ilusión, a esperanza.
Que espléndida rareza
que perfume tan encantador.
Cuán grandioso sentimiento
que nos une en la distancia
y nos hace respirar
esa cálida fragancia.
Somos una sola persona
y por mas lejos que estemos
nosotros por siempre unidos estaremos.
y sintiendo ese exquisito perfume
cruzaremos los portales
del grandioso firmamento.
pues no cabe duda mi vida
que ese aroma que sentimos
es el aroma del amor…
miércoles, 30 de mayo de 2012
viernes, 25 de mayo de 2012
DÍAS ERRANTES
Los días errantes capturados y fusilados en el paredón de un nuevo aire. Recuerdos que asaltan los ojos abriendo el portón de las lágrimas. Cansada de oír las agonías del hospital de mis ansias devoro rutas nuevas. Fragancias que escapan de un frasco verde. Árboles jóvenes, ramas niñas que rayan los vidrios del pasado. Mi corazón es en este momento un reloj acelerado que corta pilas. A ratos, la incertidumbre del alma... incertidumbre por la calma del respirar mío…
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Anímico
martes, 17 de enero de 2012
SIN SENTIDO
Lenguaje que se escapa en palabras sin sentidoy todo cuanto diga absurdo habrá de ser
porque mi amor es tanto que nada lo define
ni cuanto tú conozcas ni puedas conocer.
Tendrás la melodía que quizás en un mañana
encierre cuantas cosas te quiera yo decir.
Un himno sin sonido, sin voz y sin palabras
que encierre sentimientos de amor y de nostalgia.
Y yo pretendo tenerte aquí presente
más tú, te vas de mí como se aleja el sol.
Y así como la flor se muere con la tarde
marchita mi sonrisa al filo de tu amor.
El cielo es muy breve y el sol ya se despide
quedan sólo sombras entorno de los dos.
Se aleja ya una barca y luego una gaviota
y el mar en su bravura se deja adormecer.
Y tú te vas de mí y la congoja
nubla de repente todo lo que hay aquí.
Y yo me siento sola con un amor tan grande
que ahoga tantas cosas y pongo en estos versos
tan solo para ti…
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poema
jueves, 12 de enero de 2012
PUERTO SIN AMOR
Llegué de altamar muy cansada de andar por la vida y rodar.
Traía los ojos de mundo y de sol
las manos repletas de mar.
Entré en la taberna queriendo beber
buscando el recuerdo de aquel
que fue mi ilusión.
Las mismas paredes, el mismo lugar
volvían su amor a evocar.
Las mesas, la gente, la misma emoción.
El tiempo marchaba hacia atrás.
Busqué en la fonola la vieja canción
que fue compañera de aquella pasión
tan sólo un momento la pude escuchar
tu nombre quería gritar
Buscando la noche, a la calle salí
la niebla me hablaba de ti
El puerto, los barcos, el amanecer
ahogaban el recuerdo de un viejo querer…
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poesía
lunes, 9 de enero de 2012
EL CUERPO
Segunda y Última Parte
Una vez abajo, sintió dificultad al respirar, pero también ligereza al moverse. Sus ojos comenzaron a arderle y un mareo repentino le obligó a sentarse mientras sentía el rugoso y caliente piso con las palmas de sus manos.
A gatas, fue acercándose cada vez más a los individuos desnudos. Una mujer se percató de su presencia y comenzó a mirarlo como un sujeto completamente raro y ajeno a su hábito. No parecía asustada, sólo sorprendida y curiosa. Al intercambiar miradas y mantenerlas fijas Kinor tuvo la confianza de aproximarse a ella y tratar de cuestionarles donde estaba, quien era ella y si podía ayudarlo. No obstante, la mujer se apartó vertiginosamente al percatarse de sus intenciones. Kinor se incorporó, sacudió sus manos en sus pantalones y a levantar la vista, notó que era observado por más de cuatro sujetos. Tres hombres y una mujer. El más alto era anciano y la mujer tenía los ojos color miel. Ver a cuatro personas desconocidas, totalmente desnudas, le impacto bastante.
Los miro fijamente a cada uno para tratar de entablar alguna comunicación, pero ellos parecían ignorar eso. Por instinto levantó su mano y ese movimiento alteró a los individuos. Se pusieron en pose de ataque y Kinor no dudó en alzar las manos y explicar que no les haría daño, que estaba perdido, confundido y alterado. Sin embargo, aquella señal con las manos pareció ser mal interpretada y los cuatro se lanzaron al mismo tiempo. Lo tumbaron, le taparon la boca, le sujetaron los brazos, las piernas y comenzaron a desplazarlo. Lino se sintió más mareado, una ola de calor invadió su cuerpo y no pudo evitar desmayarse.
Abrió los ojos y vio el cielo. Llevaba semanas sin verlo, estaba nublado. Trató de incorporarse por instinto pero sus manos estaban atadas lateralmente a su pecho al igual que sus piernas.
Dos hombres más se acercaron y comenzaron a jalarle su campera, pantalón y zapatos. Kinor se sintió ultrajado, pero no podía hablar. Cada vez que lo tocaban una inmensa energía calorífica lo invalida. Sentía su garganta cerrada y cerraba los ojos para aminorar el dolor. Seguía sintiendo los tirones y gritos. Tras unos minutos su campera estaba rota y habían logrado quitarle un zapato. Al tratar de ver dónde llevaban sus zapato, se percató que cientos de personas desnudas veían el especie de ritual.
Algunos sostenían una antorcha con un fuego verde. Kinor volvió a ver al cielo y se preguntó mil veces donde estaba. Suspiró y cerró los ojos nuevamente. Minutos después, sintió como lo mojaban con un líquido. Antes de que pudiera reaccionar, las personas desnudas arrojaron sus antorchas hacia él y comenzó a incendiarse.
Ese sujeto no era humano –pensó la mujer de los ojos miel mientras lo veía arder.
Una vez abajo, sintió dificultad al respirar, pero también ligereza al moverse. Sus ojos comenzaron a arderle y un mareo repentino le obligó a sentarse mientras sentía el rugoso y caliente piso con las palmas de sus manos.A gatas, fue acercándose cada vez más a los individuos desnudos. Una mujer se percató de su presencia y comenzó a mirarlo como un sujeto completamente raro y ajeno a su hábito. No parecía asustada, sólo sorprendida y curiosa. Al intercambiar miradas y mantenerlas fijas Kinor tuvo la confianza de aproximarse a ella y tratar de cuestionarles donde estaba, quien era ella y si podía ayudarlo. No obstante, la mujer se apartó vertiginosamente al percatarse de sus intenciones. Kinor se incorporó, sacudió sus manos en sus pantalones y a levantar la vista, notó que era observado por más de cuatro sujetos. Tres hombres y una mujer. El más alto era anciano y la mujer tenía los ojos color miel. Ver a cuatro personas desconocidas, totalmente desnudas, le impacto bastante.
Los miro fijamente a cada uno para tratar de entablar alguna comunicación, pero ellos parecían ignorar eso. Por instinto levantó su mano y ese movimiento alteró a los individuos. Se pusieron en pose de ataque y Kinor no dudó en alzar las manos y explicar que no les haría daño, que estaba perdido, confundido y alterado. Sin embargo, aquella señal con las manos pareció ser mal interpretada y los cuatro se lanzaron al mismo tiempo. Lo tumbaron, le taparon la boca, le sujetaron los brazos, las piernas y comenzaron a desplazarlo. Lino se sintió más mareado, una ola de calor invadió su cuerpo y no pudo evitar desmayarse.
Abrió los ojos y vio el cielo. Llevaba semanas sin verlo, estaba nublado. Trató de incorporarse por instinto pero sus manos estaban atadas lateralmente a su pecho al igual que sus piernas.
Dos hombres más se acercaron y comenzaron a jalarle su campera, pantalón y zapatos. Kinor se sintió ultrajado, pero no podía hablar. Cada vez que lo tocaban una inmensa energía calorífica lo invalida. Sentía su garganta cerrada y cerraba los ojos para aminorar el dolor. Seguía sintiendo los tirones y gritos. Tras unos minutos su campera estaba rota y habían logrado quitarle un zapato. Al tratar de ver dónde llevaban sus zapato, se percató que cientos de personas desnudas veían el especie de ritual.
Algunos sostenían una antorcha con un fuego verde. Kinor volvió a ver al cielo y se preguntó mil veces donde estaba. Suspiró y cerró los ojos nuevamente. Minutos después, sintió como lo mojaban con un líquido. Antes de que pudiera reaccionar, las personas desnudas arrojaron sus antorchas hacia él y comenzó a incendiarse.
Ese sujeto no era humano –pensó la mujer de los ojos miel mientras lo veía arder.
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Cuento Breve
sábado, 7 de enero de 2012
EL CUERPO
Se asomo por el orificio. Llevaba aproximadamente dos horas caminando a ciegas, en esa terrible oscuridad, y ver aquel leve rayo de luz le hizo emitir un suspiro profundo de tranquilidad. Quizás encontraría una salida, una persona… la verdad es que el simple hecho de haber visto algo diferente a la oscuridad era lo que le reconfortaba: había perdido toda esperanza de sobrevivir y volver a la superficie, si es que se encontraba bajo la superficie. A decir verdad, no recordaba como había llegado ahí. Clásico en un sueño, pero eso no era sueño, pesadilla ni recuerdo; era un terrible e inexplicable presente. Coloco las palmas de las manos alrededor del hoyo en la pared y aproximó su ojo izquierdo lo más que pudo, enfocó su mirada. Aparentemente, no había nada al otro lado, veía un fondo blanco. Sin embargo, tras parpadear, el fondo se había vuelto café, luego verde, blanco, azul y después rojo. El temor le hizo apartar su mirada de ahí. Trato de imaginarse qué o quién podría ser. Se tocó la nariz, labios y barbilla con intriga. Volvió asomarse y la luz que le permitía ver dichos colores se había apagado; todo era negro. Eso o el orificio habían desaparecido misteriosamente. La incertidumbre lo fue conduciendo a un ataque inmenso de ansiedad y miedo. Comenzó a sudar de nuevo, su respiración se agitó y si hubiera perdido el control por completo, hubiese gritado como un loco enterrado en vida. Quizás no tardaría en convertirse en eso, en un loco.
Cuando despertó la oscuridad seguía ahí, pero esta vez un ruido agudo lo acompañaba. Hacía un frío impresionante al cual Kinor no estaba acostumbrado.
Hey comenzó a articular. Hubiera gritado, pero sus cuerdas vocales se habían desacostumbrado hablar y le resultó complicado.
Los repitió muchas veces y cada vez más fuerte, pero no tuvo alguna respuesta que él pudiera entender como tal. El ruido continuaba con el mismo tono, la oscuridad no le ayudaba en su búsqueda y temía seguir caminando: algo le hacía pensar que había un abismo a unos cuantos pasos. Seguramente aquel sonido persistente y continuo le había alterado los nervios. Seguramente si había un abismo. Seguramente en unos segundos estaría muerto.
Kinor no podía creerlo: veía individuos desnudos caminar como si nada. El ruido seguía continuo. ¿Estaba alucinando? Las personas existían, el ruido no o tal vez viceversa. Kinor era el resultado de la imaginación de alguien más.
Se froto la cara dos veces seguidas y los desnudos seguían ahí; eran reales. Seguía sin saber dónde estaba, pero ya no estaba solo. Ignoraba quiénes eran, si hablaban su idioma, si hablaban... Extrañamente, no parecían de este planeta aunque tuvieran absolutamente las mismas partes del cuerpo que cualquier ser humano. Su tono de piel era entre amarillo y aceitunado. Todos tenían el cabello corto. Y lo que le permitiría identificar entre hombres y mujeres eran los senos y penes. Las edades eran difíciles de determinar. Además, él se encontraba relativamente lejos.
Decidió acercarse lentamente, comenzó a bajar aquella rampa de piedras, hierbas y arbustos que de pronto apareció en su camino. Los individuos seguían caminando sin rumbo fijo, con la mirada perdida, sin interactuar entre ellos. Aquel lugar era fuera de lo común: no era una ciudad, ni campo, ni pueblo ni aldea.
Continuara……
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Cuento Breve
martes, 27 de diciembre de 2011
DESPEDIDA NOCTURNA
Limpio con mi mano la ventanacondensada de respiración y penas
para ver tus pasos, tu andar
que se alejan.
Te vas con la lluvia, una noche fría
calles abajo, sin una despedida.
Te miro desolada, tras el cristal
que de nuevo se empaña.
Te llevas el calor de la leña
y el aroma del café que no tomaste.
Cuanto te quise.
Mientras
solitaria miro la ventana
que se ha vuelto a empañar
con las últimas lágrimas
que ya no te pertenecen
y que tampoco me consuelan...
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poesía
lunes, 19 de diciembre de 2011
ESCULTORA
Quise arrancarme mi capacidad de imaginar y fantasear
fumar un poco de control mental.
Soñé con cortar las alas de una
inquietante e inoportuna imaginación.
No lo logré.
Una vez más hice un maniquí de ti
te seleccione de entre el resto, quizá por
cierta sonrisa o rasgo particular.
Después, todo fue simplemente
vana e inevitable idealización.
Te eleve más allá de la realidad
te dibuje virtudes
que me hubiese encantado tuvieras
te pegue características únicas, especiales.
Me enamore de una valorización
una idea, un supuesto,
un ojala, un: se así.
Ahora lo entiendo todo.
Aquel ser que utiliza su fantasía
para crear su compañero ideal.
Jamás dirá un te amo a alguien
ajeno a su creación, control o sueño…
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poesía
viernes, 16 de diciembre de 2011
BIENVENIDO!!!
La noticia le había llegado, mas o menos, ocho meses antes. El llamado fue de una de sus hijas, la del medio, como se autotitulaba. Y sus palabras: “Vas a ser abuela”. Como describir la mezcla de sentimientos que sintió en ese momento. Después de unos momentos el reclamo comenzó: vas volver, no? Con evasivas logro salvar el momento. Estaba decidida a no volver, le costo mucho tomar la decisión de dejar el pasado atrás. Y ahora este comenzaba a reclamar su presencia nuevamente. Los meses fueron pasando, entre llamados y preocupaciones. El reclamo se hizo más fuerte cuando su hija debió guardar reposo. Pero ella no quería volver, debía cerrar esa historia que la atormentaba, la misma que no pudo dejar atrás, que la acompañaba y que solo ella podía cerrar.
Sus yernos, que siempre la comprendieron y la apoyaron. Se turnaban para mantenerla al tanto de lo que pasaba allá, en Buenos Aires. Por lo que uno de ellos, el futuro padre, le enviaba las ecografías en 3D. Sus sentimientos comenzaron a cambiar. El ver a ese chiquito, que a veces parecía mirarla, gestarse y moverse, hizo que comenzara a fantasear con la vuelta. Como si fuera poco, su historia comenzaba a cerrase, un sueño doloroso, pero que comprendió había llegado en el momento justo, comenzó a cerrar el circulo. Ahora tenia a quien darle tanto cariño guardado.
Ayer recibió la gran noticia.
Sus yernos, que siempre la comprendieron y la apoyaron. Se turnaban para mantenerla al tanto de lo que pasaba allá, en Buenos Aires. Por lo que uno de ellos, el futuro padre, le enviaba las ecografías en 3D. Sus sentimientos comenzaron a cambiar. El ver a ese chiquito, que a veces parecía mirarla, gestarse y moverse, hizo que comenzara a fantasear con la vuelta. Como si fuera poco, su historia comenzaba a cerrase, un sueño doloroso, pero que comprendió había llegado en el momento justo, comenzó a cerrar el circulo. Ahora tenia a quien darle tanto cariño guardado.
Ayer recibió la gran noticia.
Hoy esta hermosa fotografía que decía:
“Hola abuela, te presento a tu nieto, Máximo, él quiere conocerte y nosotros te seguimos esperando”.
Solo se quedo contemplando a su hermoso nieto. Y fue solo después de un rato que desvió la vista, miro su casa, sus cosas. Cuando volvió la vista sobre la foto, su pensamiento fue: es hora de volver…
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Fragmentos
miércoles, 14 de diciembre de 2011
EPISODIOS I
♦ La noche se tornó rojiza en uno de sus extremos, avisando el amanecer. Los ojos del insomne se concentraron con desesperación en aquel anuncio de esplendor, y agradeció el fin del frío y la huida de la oscuridad. Íntimamente se alegró del nuevo día, pues aunque la soledad no tendría tan fácil solución como la luz, al menos se irían todos los fantasmas que le hacían ilusoria compañía. ♦ Sería a causa de la luz lunar, que todo lo distancia y vuelve irreal, pero al ver la figura alada posada aquella noche en la cornisa de la ventana, lo primero que pensé era que un ángel venía a mí. Un poco más tarde, ya calmada y procurando mirar con atención, me di cuenta de que el difuso brillo lunar sólo iluminaba mi alma que huía.
♦ El día amaneció dubitativo. La luz incipiente y escasa no se animaba a despuntar y la atmósfera estaba densa y apagada. El mundo no terminaba de despertar. Las nubes salpicaban un cielo que no se adivinaba, por lo que la noche estiró más sus horas de incertidumbre. Fue por todas estas causas que, cuando me asomé al balcón, no consideré que el universo me fuese propicio para iniciar la jornada. Regresé al lecho lentamente, acomodé mi cuerpo en la postura más pacífica y cerré los ojos a la espera de amaneceres más agradables.
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Breves Relatos
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