martes, 11 de enero de 2011

EXILIO

Observe a mi alrededor. Cama, mesa de luz y un armario empotrado en la pared, una ventana que daba a un patio interno por donde se filtraba, para mi gusto, demasiada luz.
Ellos todavía conversaban, los chicos jugaban, había música de fondo y reinaba la alegría. Primer cosa a la que iba a tener que acostumbrarme. Veintiocho años de mi vida habían quedado allá, en un depósito, en Buenos Aires. No hubo despedida. La imagen invadió mi mente. Los ojos de mi princesa llenos de lágrimas, fingiendo una frialdad inexistente, un abrazo y un “llámame cuando llegues”. Ella, la del medio, llorando hasta el desgarro, otro abrazo y un “no te vayas, mamá”. Hice oídos sordos, la bese y subí al micro. Ya en mi asiento las mire. Una fría y dura, escondiendo sus miedos, sus derrotas y arrasando todo lo que se interponía en su camino. La otra sensible, de corazón frágil, siempre pensando en los demás, cada piedra en su camino la atormentaba y paralizaba. Dos versiones diferentes de una misma mujer: la madre. Mis ojos volvieron a la habitación, dos grandes bolsos con mi ropa. Y tres cajas con lo único que quise rescatar: mi PC.
Comencé a desempacar pensando en todos los sueños perdidos y en los pocos cumplidos, entre ellos: ser la “profesional” que viene de Bs As. En el camino el anhelo mayor, la Licenciatura en Psicología, imposible realizarlo aquí, no hay donde estudiar. Adiós a los seminarios, ateneos y las discusiones con compañeros por conceptos mal entendidos.
Algo me saco de mis pensamientos. Si, allí estaban nuevamente a mi lado. Abrí la puerta y recorrí la casa, mis vecinos dormían ya, el silencio y la soledad volvían a mi lado. Regresé al cuarto y mire por la ventana, que diferente se veía la noche aquí, parecía tener más estrellas y la luna brillaba como nunca. Comprendí que había recuperado a la amiga que creía perdida. Al fin mi alma era libre, había encontrado paz.

sábado, 8 de enero de 2011

NUESTRA CITA


Posiblemente un día, no se donde ni cuando
Tras de soñar contigo, despertare llorando
Y en un lugar distinto, en otra madrugada,
Tú buscaras el rastro, de mi perfume en tu almohada
Y también lloraras, por lo que no pudo ser
Por ese torrente de amor que desperdiciamos,
Y te volverás a sentir adolescente otra vez
Ansioso para llegar a tiempo a nuestra cita
Posiblemente un día, nos arrepentiremos
Del adiós, de este camino que no tiene regreso
Estoy convencida que llegara ese día
Porque hay tantos recuerdos que duelen todavía
Y también lloraras por lo que no pudo ser
Por las palabras de amor que nunca nos dijimos,
Y nos volveremos a sentir adolescentes otra vez
Pero ya no llegaremos a tiempo... a nuestra cita.