martes, 28 de septiembre de 2010

EL OTRO LADO


Fue en el jardín de un psiquiátrico que conocí a un joven de rostro pálido y hermoso, lleno de encanto. Sentándome a su lado, sobre el banco, le pregunte: ¿Por qué estas aquí?
Me miro asombrado y respondió: es una pregunta inadecuada, sin embargo contestaré. Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de si mismo; también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre. Mi hermana mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta.
Mis profesores, como el doctor de filosofía, el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo.
Pero no pude cumplir con tantas expectativas, por eso vine a este lugar. Lo encontré mas sano. Al menos puedo ser yo mismo.
Se volvió hacia mí y dijo: Pero dime ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo?
-No, soy un visitante
-Oh! entiendo, tú eres uno de los que vive en ese manicomio, del otro lado de la pared.

viernes, 17 de septiembre de 2010

MEDIUN


Es hermosa la infancia, Verdad? Para mí, el tiempo más horroroso de la vida. Yo tenía, cuando era niño, un amigo; Román, su padre era ingles y su madre española.
Lo conocí en el colegio. Era un buen chico, muy amable, yo en cambio era huraño y brusco. A pesar de estas diferencias, llegamos a ser amigos y andábamos siempre juntos. Román siempre fue un buen muchacho y no tuvo inconveniente en llevarme a su casa y mostrarme su colección de estampillas.
La casa de Román era muy grande y estaba junto a la plaza central, en una callejuela estrecha, cerca de una casa en donde se había cometido un crimen, del cual se hablo mucho en el pueblo. La casa era triste y tenía en la parte de atrás un huerto grande, con las paredes llenas de enredaderas de campanillas blancas y moradas.
Mi amigo y yo jugábamos en el jardín, el de las enredaderas, y en el techado ancho con losas que tenía sobre la cerca enormes macetones con malvones.
Un día se nos ocurrió a los dos hacer una expedición por los tejados y acercarnos a la casa del crimen, que nos atraía por su misterio. Cuando volvimos a la azotea, una muchacha nos dijo que la madre de Román nos llamaba.
Bajamos y nos hicieron entrar en una sala grande y triste. Junto a un balcón, estaban sentadas la madre y la hermana de mi amigo. La madre leía; la hija bordaba. No sé por qué, me dieron miedo.
La madre, con voz severa, nos sermoneo por la aventura y luego comenzó a hacerme un sinnúmero de preguntas acerca de mi familia y de mis estudios. Mientras la madre hablaba, la hija sonreía; pero de una manera tan rara…
-hay que estudiar-dijo a modo de conclusión la madre.
Salimos del cuarto, me marche a casa y toda la tarde y toda la noche no hice mas que pensar en esas dos mujeres. Desde aquel día esquive como pude ir a la casa de Román. Un día vi a su madre y a su hermana que salían de una iglesia, las dos enlutadas, me miraron y sentí escalofríos al verlas.
Cuando concluimos el curso, ya no veía a Román; estaba tranquilo. Pero un día me avisaron de su casa, que mi amigo estaba enfermo. Fui y lo encontré en la cama llorando, y en voz baja me dijo que odiaba a su hermana. Sin embargo, la hermana, que se llamaba Ángeles, le cuidaba con esmero y lo atendía con cariño. Aunque tenía una sonrisa tan rara…
Una vez al agarrar de un brazo a Román, hizo una mueca de dolor.
–Que tienes- le pregunte. Y me enseño un moretón inmenso, que rodeaba su brazo como un anillo. Luego, en voz baja murmuro:
-ha sido mi hermana.
-Ah! Ella…
-No sabes la fuerza que tiene, rompe un cristal con los dedos. Y hay algo más extraño: mueve un objeto cualquiera de un lado a otro, sin tocarlo.
Días después me contó, temblando de terror, que a las doce de la noche, hacia ya cerca de una semana que sonaba la campanilla de la escalera, se abría la puerta y no se veía a nadie.
Román y yo hicimos un gran número de pruebas.
Nos apostábamos junto a la puerta…llamaban…abríamos…nadie. Dejábamos la puerta entreabierta para poder abrir enseguida…llamaban…nadie.
Por fin quitamos el llamador al timbre y éste sonó, sonó…y los dos nos miramos estremecidos de terror.
-Es mi hermana, mi hermana-dijo Román. Y, convencidos de esto, buscamos amuletos
por todas partes.
Inútil, todo inútil. Las cosas saltaban de sus sitios y en las paredes se dibujaban sombras sin contornos y sin rostros. Román languidecía, y para distraerle, su madre le compro una hermosa cámara fotográfica. Todos los días íbamos a pasear juntos, y llevábamos la maquina en nuestras expediciones.
Un día se le ocurrió a la madre que los retratara a los tres en grupo, para mandar el retrato a sus parientes de Inglaterra. Román y yo colocamos un toldo de lona en la azotea, y bajo él se pusieron la madre y sus dos hijos.
Enfoqué, y por si acaso me salían mal, tome varias fotografías. Enseguida Román y yo fuimos a revelarlas. Habían salido bien; pero sobre la cabeza de la hermana de mi amigo se veía una mancha oscura.
Dejamos a secar las placas y al día siguiente las pusimos en la prensa, al sol, para secar las diapositivas.
Ángeles, la hermana de Román, vino con nosotros a la azotea. Al mirar la primera prueba, Román y yo, nos contemplamos sin decirnos palabra. Sobre la cabeza de Ángeles se veía una sombra blanca de mujer, de facciones parecidas a las suyas. En la segunda prueba se veía la misma sombra; pero en distinta actitud, inclinándose sobre Ángeles, como hablándole al oído.
Nuestro terror fue tan grande, que Román y yo nos quedamos mudos, paralizados. Ángeles miro la fotografía y sonrió tan raro…
Salí de la azote y baje las escaleras de la casa tropezando, cayéndome y al llegar a la calle eche a correr, perseguido por la risa de Ángeles.
Al entrar en casa, al pasar junto a un espejo, la vi en el fondo de éste, sonriendo, sonriendo siempre…
¿Quién ha dicho que estoy loco? ¡Miente! Porque los locos no duermen, y yo duermo…!ah! creías que yo no sabia eso? Los locos no duermen y yo duermo.
Desde que naci todavía no he despertado…

viernes, 3 de septiembre de 2010

MUSICA


Una vez me pregunté qué extrañas circunstancias podrían servirse de una letra así. Unos años después, escuchándola, se rompió un dique de esos que contienen emociones dentro, porque yo misma vivo una circunstancia igual.

SERA

Y me quede soñando
Con la ilusión a cuestas
Con la esperanza guardada
En el bolsillo roto de un pantalón
En el baúl sin fondo de mis decepciones
Aletargado en el tiempo
Obsesionado con verte
Se enrojecieron mis ojos
Se marchitaba mi mente
Será
Que aún no se llenaba la luna
Será
Que el tiempo fue menguando nuestras ganas
Será
Será la luna
Será
Serán las ganas será
Y me quede en suspenso
Con una historia breve
En los niveles más bajos
De mis latidos del corazón
Entre lo inverosímil de mis frustraciones
Aletargado en el tiempo
Obsesionado con verte
Se enrojecieron mis ojos
Se marchitaba mi mente
Será….


Letra: Ricardo Montaner