viernes, 24 de junio de 2011

PREMIO A MÁSCARA

Desde el blog “A viva voz” de mi querido amigo Julio Díaz Escamilla, http://juliodiaz-escamilla.blogspot.com/ he recibido este nuevo premio. Decir gracias!! creo que es pequeño para mí, porque un nuevo premio es una caricia a mi alma. Ya que es mi alma la que les entrego en cada nuevo escrito. A todos, gracias por acompañarme en este camino y a vos Julio, un gran beso de corazón.









Mis blog elegidos son:

Embrujo: http://embrujo-calaita.blogspot.com/
Sussy : http://mys-poemas.blogspot.com/
Ramon: http://poesiaycreacion.blogspot.com/
Condesa Bathory: http://secretosdecondesabathory.blogspot.com/
Ricardo Miñana: http://ricardo-minyana.blogspot.com/
Rosg: http://dimeloenverso.blogspot.com/
Antonio H. Martín: http://dunsany8.blogspot.com/
Ion – laos: http://ion-laos-sentimientos.blogspot.com/
José Luis: http://diariodeimprovisaciones.blogspot.com/
Alborada: http://alboradadelamor.blogspot.com/
Claudia: http://levedadelsigno-ser.blogspot.com/
Mis letras: http://marcandomisletras.blogspot.com/
Cristofer: http://lasmelancoliasdemarcus.blogspot.com/
Puma Roja: http://plumarojablogspotcom.blogspot.com/

sábado, 11 de junio de 2011

ANJANA

Tercera y Última Parte
Aquel jinete desmontó y la saludó amablemente, con modales finos que ningún hombre había tenido con ella.
- He perdido el camino que conduce a la aldea ¿podría indicármelo? - le pregunto.
La muchacha se puso de pie al borde del arroyo, erguida como una rama joven, y contestó:
- No lo sé, amo, pero iré a preguntarle a mi tutor, porque él sabe.
Al pronunciar estas palabras, la muchacha sintió un poco de temor. La timidez y modestia de su acento realzaron su juventud y belleza. Ya se marchaba, cuando aquel hombre la detuvo con un ademán. El rojo vino de la juventud circulaba vigorosamente por sus venas, y su mirada cambió al decir: “No, no te vayas”. La joven permaneció en pie, con expresión de sorpresa, pues había sentido en aquella voz una fuerza que le impedía moverse. Miro furtivamente al caballero, que a su vez la miraba con atención, con una mirada que ella no podía entender. Luego, le dedicó una sonrisa tan encantadora, tan tierna, que la muchacha sintió ganas de llorar. Aquel hombre posó una mirada afectuosa en los pies descalzos, en las delicadas muñecas, en el terso cuello, en el suave y espeso cabello. Notó, con creciente pasión, la pronunciada piel soleada, y aquéllos brazos, que la naturaleza había hecho fuertes. Pero la muchacha permaneció silenciosa y avergonzada. No quería irse, por razones que no lograba explicarse, tampoco podía hablar.
La vaca lechera volvió aquella tarde al establo sin su ama, pues Anjana no regresó. Su tutor recorrió el valle gritando su nombre, pero no obtuvo más respuesta que los ecos de las cuevas y el clamar del viento en las copas de los árboles. La muchacha había desaparecido de aquélla comarca, sin dejar tras de sí, más que unas cuantas lágrimas en los ojos de una campesina, y un patético recuerdo que vagaba con la brisa de la mañana sobre el valle, y que luego, como el aliento de un niño, en el cristal de una ventana, se desvaneció para siempre…

miércoles, 8 de junio de 2011

ANJANA

Segunda Parte
Anjana creció como un brote. En su corazón se expandió una ternura serena, de la que ella misma no era consciente, como la fragancia que brota del corazón de una flor. Corría tras de su fantasía como las ovejas tras de la corriente de agua para apagar su sed. Su inteligencia era como una tierra virgen en la que el conocimiento no sembró semilla y a la que ningún pie pisoteó. Su alma era un pulido espejo que reflejaba toda la hermosura de los campos. Su corazón como los anchos valles, que como el eco, repetían los sonidos de la naturaleza. Era una muchacha retraída y pura, a la que un decreto inescrutable del destino había exiliado en aquella granja apartada.
Llegó a la edad de 16 años. Pronto empezó a sentir en su corazón el despertar de emociones que hasta entonces no había tenido. Extraños sueños y pensamientos se arremolinaban en ella. Despertaba en ella la mujer y parecía tierra fresca y virgen preparada para recibir la semilla del conocimiento, y para sentir las huellas de la experiencia.
Un día de otoño la muchacha se sentó junto a un arroyo, sintiendo que su alma estaba libre de la prisión terrenal, como los pensamientos en la imaginación de un poeta. Miraba las hojas amarillas que caían, despojadas de los arboles por la brisa, que paseaba entre las ramas como la muerte en el alma humana.
Miraba las flores, que se marchitaban con sus corazones secos y sus semillas, que buscaban amparo en el seno de la tierra como refugiados que buscan una vida nueva.
Mientras la muchacha permanecía contemplando las flores y los árboles, compartiendo el dolor de las plantas en el otoño, oyó el sonido de cascos de caballos en las rotas piedras del valle. Volvió la cabeza, y vio que un jinete avanzaba lentamente hacia ella; sus arneses y su ropa hablaban de riqueza, poder y bienestar…


Continuara...

domingo, 5 de junio de 2011

ANJANA

Primera Parte
El padre murió cuando Anjana estaba todavía en la cuna y su madre falleció antes de que la niña cumpliera 10 años de edad. Fue a vivir sus años de orfandad en la casa de un pobre vecino, que con su mujer y sus hijos, vivía de los frutos de la tierra en una pequeña y aislada aldea, en uno de los hermosos valles del Anduin.
Al morir el padre, por toda herencia le dejo su nombre y una pobre campaña que se alzaba entre Nogales y Álamos. De su madre sólo había heredado lágrimas de dolor y su orfandad total. Vivió como una extranjera en la tierra que le había visto nacer, sola, entre árboles frondosos y altas rocas. Cada mañana, caminaba descalza y vestida con harapos. Iba a ordeñar a las vacas a una región del valle donde el pasto era rico, y allí se sentaba a la sombra de un árbol. Cantaba con los pájaros y lloraba con el arroyo, mientras envidiaba a las vacas por disponer de abundante comida. Contemplaba las flores y el revoloteó de las mariposas. Al hundirse el sol en el horizonte, el hambre se apoderaba de ella, y volvía la cabaña, a sentarse junto a la hija de su tutor, y a comer una escasa ración de pan y de maíz, con un poco de fruta seca y frijoles humedecidos en vinagre y aceite de oliva. Después de la escasa cena, extendía paja en el suelo, en un rincón, y se acostaba reposando la cabeza en sus brazos. Se dormía y suspiraba, deseaba que la vida fuera un sueño largo y profundo, sin ensueños y sin despertar. Así pasaron los años, sombríos y confusos, en la vida de Anjana, entre aquellas distantes colinas y apartados valles…

continuara...