
La casa estaba llena de gente. Dos tías viajaron desde otra provincia para estar ahí, algunas amigas, sus hijas con sus novios, su hermano, ella y obviamente la cumpleañera: su madre.. Todos conversaban y reían. Aunque el clima era tenso, en él se podía leer: viene? De pronto se escuchó el timbre. Sus ojos se encontraron con los de su hija más chica, siempre atenta a sus reacciones. Su hermano abrió la puerta y allí estaba… su hijo, a quien hacía siete meses que no veía. Todas las miradas se dirigieron hacia ella. El llanto de su madre rompió el momento decidiendo: “viniste, Fer, viniste”. Ella dio un paso al costado y poniendo suavemente su mano en el hombro de su madre, la empujó suavemente hacia su hijo. El abrazo de ellos fue conmovedor… para los demás. Nuevamente las miradas se dirigieron hacia ella, siguiendo el protocolo, caminó hacia su hijo. Él la abrazo fuerte, ella sólo puso sus manos en la espalda de él. Cuando se separaron ella dijo algo en broma e irónicamente, solía actuar así para salir de situaciones incómodas. La noche transcurrió entre conversaciones, risas y recuerdos. Ella que había procurado sentarse lejos de su hijo, los escuchaba y los observaba. Mientras esbozaba una sonrisa para los demás se preguntaba: qué hago aquí? Nada de lo que dicen me interesa. Estaba totalmente ajena a esa reunión. En un momento su hijo se levanto y se fue a su habitación, los ojos de ella se encontraron nuevamente con los de su hija menor, quien le decía:”anda, habla con él”, ella ignoro esa mirada sabiendo que después vendrían los reproches, pero para ella no tenia sentido preguntarle a su hijo porque en tantos meses no la llamo ni se preocupo por ella, después de todo ella tampoco lo había hecho y seguramente el hijo pensaría lo mismo. Con la excusa de ayudar a levantar la mesa se escondía de ellos en la cocina. Solo sus “yernos” notaban su ausencia y se turnaban para ir a buscarla. Nunca entendió porque esos chicos a los cuales ella no le nada la querían más que sus propios hijos. Por suerte, ya los invitados comenzaban a marcharse. A las cinco de la mañana su hijo se fue. Ella cruzo el patio hacia su casa, se ducho y se cambio de ropa, a las 6.30hs. uno de sus compañeros la pasaba a buscar, entraba a trabajar a las 7.00 hs. Puso la pava y se sentó, miro el reloj, todavía había tiempo: comenzaron las preguntas sin respuestas, que paso con la emoción que sentía al ver a su hijo, donde estaba lo que debía sentir al ver a su madre llorar, porque ya no le importaban los reproches de su hija menor, porque estaba tan ajena a todo lo que la rodeaba. Y las lágrimas que siempre mojaban sus mejillas cuando estaba sola, tampoco estaban. Hacia tiempo que había notado que le faltaban pero trataba de ignorar esa situación pero sobre todo no quería saber la respuesta a la pregunta que nunca se hacia. La bocina la saco de sus pensamientos, tomo su cartera, cigarrillos y celular, se dispuso a salir vistiendo su mejor sonrisa. Inevitablemente paso frente a su espejo, la imagen que allí vio le grito: Donde están tus sentimientos. Indiferente y sabiendo que se volvía a mentir le respondió: volverán…ya volverán.

No hay comentarios:
Publicar un comentario