Ella, sorprendida, lo vio entrar. Por unos segundos sus miradas se cruzaron y al instante los dos notaron que a pesar de que hacia tiempo no se veían nada había cambiado entre ellos. Él esbozo una sonrisa y le guiño un ojo. Ella, a modo de saludo, inclinando la cabeza le dedico una dulce y tímida sonrisa.
Al terminar la clase, ella dudo en levantarse de su asiento pues él como no había encontrado lugar a su lado se había sentado al fondo del salón.
Como era su costumbre se levanto con aires de abeja reina, aunque en su interior temblaba en una mezcla de emoción y miedo. Le aterraba la idea de que él se fuera sin hablarle.
Pero esa voz que tanto extrañaba, a su espalda, y un simple ¡hola! sirvió para que salieran charlando y riendo como si el tiempo no hubiese pasado. Distraídamente él la invito a tomar un café.
Una vez en el bar, se contaron todo lo sucedido en el tiempo que habían tomado distancia: familia, trabajo, estudios… tratando obviamente de no hablar del tema principal: el amor que sentían el uno por el otro.
Cuando ya no sabían como escaparle al tema, se miraron fijamente a los ojos. Después de unos segundos, que parecieron horas, él rompió el silencio.
- Te extrañe….te quiero mas de lo que yo mismo creí.
A lo que ella respondió:
- A mí me pasa lo mismo.
Hoy se los puede ver felices y radiantes, viviendo el amor que por años se habían negado.

que bonito y real,cuantas veces se queda en el camino sin vivir el amor,felicitaciones
ResponderEliminarFloria..
A veces el orgullo se interpone en un final así, y se guardan las palabras y se rumia la soledad.
ResponderEliminarSaludos