
Estoy en casa, casi a oscuras, leyendo un libro viejo y aburrido. Es posible que si hablara de otras cosas lo hubiera abandonado. Pero habla de los espejos y ese es un tema que me obsesiona.
Estoy sola. Hace una semana que falto de la oficina, que no abro la puerta a los que llaman, que no descuelgo el teléfono cuando suena, que no salgo a comprar comida. Siento que la basura se amontona, y que un olor húmedo y repugnante invade la casa. Pero no me importa el olor, ni la cama deshecha, ni las sábanas sucias. Le he dicho al portero que no me moleste, que no me pasa nada, que estoy de vacaciones. De otra forma a lo mejor hubiera llamado a la policía. Supongo que en la oficina, hartos de llamar, me habrán mandado la carta de despido.
Así que estoy sola en la penumbra, leyendo a media voz:
–Hex, el Emperador Brillante, extendió entonces su mirada, y el ruido de los tambores y el entrechocar de las armas cesó un momento, quedando como suspendido en el aire denso, que la sangre derramada llenaba de un olor perverso. Invocaba al padre y señor de los dioses. A su conjuro los guerreros zurdos penetraron de nuevo por la puerta de cristal llevando con ellos los cuerpos sin vida de sus compañeros. Tras ellos, Tsun, el Inmortal, selló la puerta, y el espejo suprimió la silueta de los guerreros vencidos, para reflejar tan sólo la alegría de sus oponentes. El Emperador había devuelto la paz y la libertad a sus súbditos. Pero, tras la puerta de su cárcel de cristal, los guerreros zurdos, condenados a repetir los gestos de los hombres, esperan su despertar. Entonces, romperán el cristal y saldrán para aniquilar la raza que les hizo esclavos.
He cerrado el libro, y miro ahora la silueta zurda que desde el fondo del pasillo me observa amenazadora.
Podía haberme ahorrado la lectura. No me ha revelado nada que no supiera, que no hubiera presentido en mis últimas noches de insomnio.
Pero, al menos, me ha servido para corroborar mis pensamientos, para demostrarme que no estoy loca. Sé que tras el espejo se esconde un mundo distinto y hostil, un mundo en acecho, preparado a romper la puerta de cristal que nos separa y a caer sobre nosotros.
Esa imagen que me mira es una simple burla que trata de parecérseme, un simple duplicado sarcástico. Esos absurdos narcisos presumidos, que se pasan la vida frente al espejo, no saben que la imagen que ven no es la suya, que los gestos que hacen sonrientes son imitados burlonamente por los otros, por aquellos que se divierten reflejando lo opuesto a nosotros y a nuestros actos.
Yo, he tratado de combatirlos poco a poco, procurando no llamar su atención, lo que sin duda habría contribuido a irritarles, y quizás obligarles a adelantar sus planes, he intentado anularles, borrarles de mi vida. He ido despoblando mi casa de todos los espejos: las cornucopias del salón, el espejo del cuarto de baño. Todos, incluso los pequeños espejos de mano. Al principio pensé en romperlos, pero en seguida comprendí que habría sido un terrible error. Todo el mundo sabe que romper un espejo es presagio de muerte. El mundo terrible que se esconde en ellos no desaparece, se multiplica con la ruptura. Pero, presiento que eso, con ser terrible, no es lo peor. Parte de ese mundo en ellos encerrado se libera, se escapa por las fisuras y cae sobre nosotros cargado de mortíferos deseos.
Levanto de nuevo los ojos, y en el fondo del pasillo hay una silueta zurda que me mira y se ríe. Noto en sus ojos la locura. Una locura homicida que se ríe de mi impotencia.
No he podido desprenderme de ese espejo, el último que me queda. Los peones que se llevaron los otros, sin que les pidiera nada a cambio, no quisieron llevárselo. Era demasiado grande, demasiado pesado, la luna estaba estropeada, el marco rajado. Es seguro que los otros oyeron sus excusas. Desde el fondo del cristal pude oír sus risas de triunfo.
No sé qué impulso incontrolable me ha llevado ahora frente a él, mientras la loca maldita que me observa, continúa riéndose con carcajadas terribles que hieren mis oídos.
Tampoco sé lo que me impulsa ahora a golpearle, a chocar mis puños contra los suyos, cada vez con mayor violencia.
Quizás no he debido hacerlo. El cristal se ha roto y sus cuchillos y lanzas, ahora liberados, penetran en mis muñecas y cortan mis venas. La vida se escapa entre borbotones oscuros y ...la loca se marcha riéndose.

Wow Oriana, estupendo relato, me mantuvo en vilo y me sorprendió el final.
ResponderEliminarVoy a empezar a tener cuidado con mis espejos! ;)
Que pases un lindo fin de semana.
Qué terror, pero no de los espejos, si no de esa mente que tiene a su dueña poseida y no le deja ver que el horizonte es mucho más amplio y agradable que todo eso. Ojala y se de cuente a tiempo...
ResponderEliminarBuen finde, besitos.
Apalusos Oriana,tu cuento breve sobre los esperjos me hace pensar. Tal vez la protagonista está manteniendo una lucha con ella misma, algo en si tiene que no se acepta ni a ella ni a su realidad. Será tal vez que no se paró a conocerse?. ¿Se está escondiendo detrás de la imgen que de ella misma refleja el espejo?. Yo necesito del espejo, porque si no...no se como estoy pinada y aseada, no lo necesito para nada más, salvo para limpiarlo. Y através de un espejo enseñé a hablar a uno de mis sobrinos con problemas de audición, intentaba que me leyera los labios y repitiera los movimientos de estos, así conseguimos sus primeras palabras. Un abrazo.
ResponderEliminarEn los espejos dejamos grabada nuestra vida, tal vez la protagonista quiera liberarse el pasado. Excelente.
ResponderEliminarA veces es bueno evadirse de todo lo que nos redoa para poder centrar los pensamientos. Besos
ResponderEliminarHas descrito perfectamente un episodio de locura, de no reconocerse ni a sí misma.
ResponderEliminarMis felicitaciones por tan excelente relato.
Besos
Muy impactante! me ha encantado y el final es.. genial. Un beso!
ResponderEliminarimpresionante el relato, el espejo no es el objeto de temor, sino la mente que está detrás de los ojos que miran. Un beso
ResponderEliminarHOLA AMIGA
ResponderEliminarIMPRESIONANTE RELATO, LA LUCHA CONTRA UNO MISMO. A VECES ES CRUEL... BORGES LE TENÍA TERROR A LOS ESPEJOS O UNA LOCA OBSESION.
BESITOS
CARIÑOS MILES.
Un relato bien estructurado que me ha mantenido enganchada hasta el final y ufff un final genial, estupendo.
ResponderEliminarTe felicito
Un beso
Hola Bonito relato me gusto mucho y opino igual que nuestra amiga Mis letras, lucha con ella misma
ResponderEliminar, cuando puedas pásate por mi blog hay algo para ti. Un beso
Oriana
ResponderEliminarCada día escribes mejor, cuando una escritora , logra meterse dentro del personaje y así poder experimentar y expresar sus sentimientos, miedos y locura, es que es muy buena y tú lo logras plenamente...
Besitos en el alma Scarlet2807
PD: Me dejaste con el estómago apretado..jejejejejeje
Ufff... Extraordinario! He estado en vilo hasta el final. Te felicito, querida amiga. Besinos.
ResponderEliminarUna forma, quizas un poco macabra, de encontrarse frente a frente con el "otro yo",
ResponderEliminarmis saludos cordiales
Un relato muy bien hecho, te felicito. Besos
ResponderEliminarUfff, estupendo el relato lleno de matices a cual más intrigante.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho el simbolismo de los espejos, esa fascinación que siente por ellos, tal vez intuyendo su trágico final.
Besos