martes, 4 de septiembre de 2012
EL TREN
Mirando estoy el gran reloj de la estación, ¿Cuánto hace que estoy aquí?, minutos, horas, meses, años… y me pregunto, para que esperar, si el tren jamás llegara. Esta allí cerca pero lejos, tan grande como frío. Su carcaza es solo de metal derretido, vacío y negro su interior, quizás eso lo lleve a parar siempre en estaciones equívocas, algunas antiguas, otras llenas de brillo y lozanía, la misma que él ya no tiene y en la que busca reflejarse. Pero en aquel lugar esta, siempre a la vista, como diciendo espérame, ya voy…aunque nunca se pone en marcha. ¿Y yo? Ya no quiero esperar, doy la vuelta, camino unos metros, pero algo me frena y me quedo ahí, aletargada en el tiempo, envuelta entre la gente que mis ojos ya no ven. Me iré, me quedare, no lo sé y si decide ponerse en marcha y llegar a esta estación ¿Qué hará? Cuando me vea de espaldas, decidida a irme. Cuando se de cuenta que ya no lo espero, que ya no me interesa un tren que circula por una vía especialmente dibujada por él, en círculos e irreal, abrirá sus puertas y tocara su silbato, como una manera de llamarme o solo me mirara con la cobardía propia del tren acostumbrado solo a llegar, abrir sus puertas y no tener que llamar para que alguien suba, entonces…ahí justamente ahí, darse cuenta que es tarde, esta viejo, cansado para luchar y dejo pasar su mágica oportunidad para viajar por otra vía. De pronto siento unos labios suaves que se posan en los míos, abro los ojos y allí esta como algunas mañanas alcanzándome un mate dulce, mientras lo tomo pienso; solo fue una pesadilla, pero por suerte ya desperté. Dejo el mate en la mesa de luz y lo miro, no nos hacen falta las palabras, se desliza suavemente bajo las sabanas y nos fundimos en una hoguera de pasión...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


Dejar a un lado el tren que nos provoca sufrimiento y dolor para sumergirnos en un nuevo viaje lleno de estaciones que nos hacen despertar sensaciones dormidas..
ResponderEliminarBesos.
Negativa pesadilla y una realidad hermosa que se disfruta al cien por ciento. Felicitaciones.
ResponderEliminarSaludos cariñosos.
Esas pesadillas a veces nos dejan pensando
ResponderEliminarQue fea pesadilla, la realidad es mejor que los sueños
ResponderEliminarHermoso relato
Un abrazo
A veces la rutina nos lleva a tomar siempre el mismo tren sin darnos cuenta que él ya también se cansó de nosotros, pero el día que cambiemos recorrido, nos será extraño y hasta incomodo. Cuando ese recorrido se vuelve costumbre, también se vuelve peligroso.
ResponderEliminarBuena entrada.
un beso
Me gustó mucho, Oriana, es verdad, estoy acostumbrado a leer poesía aquí, pero este relato está muy bien logrado.
ResponderEliminarTe dejo un beso enorme.
HD
Gracias a Dios que solo fue una pesadilla y vuelve la felicidad.
ResponderEliminarInteresante tu texto.
Saludos.
Tierno relato que endulza una mañana gris en la Vieja Europa. Gracias por compartir tu historia.
ResponderEliminarPor lo que se ve , al despertar el tren real llegó a la verdadera estación del amor .
ResponderEliminarun tren el tuyo con vagones especiales con una máquina antigua de nostalgia y una hermosa estación AMOR.
Bellísimo.
De la pesadilla al sublime encanto de la realidad amorosa y tangible.
ResponderEliminarUn hermoso viaje en el ferrocarril de la vida,no cabe duda.
Besos.
Las estaciones y los trenes tienen una gran significación, en parte porque son una metáfora de la vida. Saludos
ResponderEliminarBajo las sabanas las peores pesadillas quedan arrasadas.
ResponderEliminarSiempre hay que pensar que hay más andenes y más trenes que pueden bifurcar nuestras vidas y Paisajes de un modo mejor.
ResponderEliminarPrecioso.
Un abrazo.
El tren del amor no tiene horario ni billetos y cuando viene con mate mejor!
ResponderEliminarExcelente relato.
Un abrazo
Despertarse en la otra orilla de la pesadilla: la feliz, como en este relato. Un abrazo. cralos
ResponderEliminar